


No, no es que me alegre de la eliminación de LeBron en la segunda ronda de los Playoffs a manos de los Celtics, (que no me alegro porque desde el principio mantuve que los Cavs eran mis favoritos), si no que es lo que el público del Quicken Loans Arena le decía a su estrella al término del quinto partido, de nefasto recuerdo para LeBron y para los seguidores de los Cavs.
Ingratos seguidores, habría que decir por otra parte. Porque si están en la élite de la NBA, es gracias a Lebron, el mismo que ha hecho de este equipo uno de los mejores de la NBA (subcampeones en 2007 y líderes de la Liga regular en 2010), y no merece salir pitado de su cancha, por más que insistiera en ganar él solo el partido en la peor noche de su vida. Para Lebron la decepción por no estar en la final este año es mayor que para cualquier aficionado. Se jugaba mucho este año y lo ha perdido.
Los pitos no serán determinantes para su salida de Cleveland, pero pueden ayudar. Eso, si su decisión no está tomada desde hace tiempo. Marcharse de Cleveland y formar parte de una franquicia ganadora en New York o Chicago resultaba muy atractiva, tanto si ganaban el anillo como si no. Incluso no ganándolo, y siendo eliminados mucho antes de lo esperado, su salida se hace casi inevitable hacia un mercado mucho más mediático que el de la ciudad de Ohio.
El gran problema lo tendrá Cleveland. Primero porque perderá a su gran estrella, al jugador que les ha metido en el mapa y que les ha hecho grandes. No volverán a tener un jugador como él. Lo segundo, porque se quedarán con un equipo, buen equipo por otro lado, diseñado en torno a un jugador que ya no va a estar. Huele a reconstrucción paulatina. Con lo que tienen les dará el año que viene para luchar por los Playoffs, pero poca cosa más. Mientras, verán como otros proyecto (Knicks o Bulls), sube como la espuma hasta que les arrebate la corona que han tenido, efímera, este año.
Porque Lebron no se va a ir a cualquier precio. Primero se asegurará un contrato millonario. Después, el compromiso de llegar a un equipo que luche por un título desde el minuto uno. Pocos jugadores pueden permitirse el lujo de elegir un destino de esta forma: uno de ellos es Lebron James.
Y la de James no será la única salida de importancia este verano. Veremos muchas entre otras cosas porque la amenaza del lockout y las rebajas salariales para el año que viene planean sobre la Liga. Pero ese será otro tema de discusión.


Todo empezó, y empezó (muy) mal, en la fase de clasificación. El que ganaba, a
En la primera fase el cambio fue considerable. Aunque empezaron con victorias cortas ante Hemofarm (68-75) y Le Mans (74-73), resolvieron dos partidos seguidos ante el Triumph Lyubertsy, ganaron de nuevo al Hemofarm, ganándose la clasificación. En el último partido, sin nada que jugarse, cayeron con estrépito ante el Le Mans (80-44). Pasaban como primeros de grupo al Last 16, donde se verían las caras ante el Hapoel Jerusalén, el Unics Kazan y el Galatasaray Cafe Crown.
La nueva fase empezó como acabó la anterior. Los hombres de Spahija cayeron derrotados en su propia canche ante el Hapoel (75-79), lo que suponía un importante contratiempo inicial a sus objetivos. Sin embargo, acabaron ganando los cinco partidos restantes, generalmente con marcadores ajustados (de 4 y 10 ante el Unics, de 4 y de 3 ante el Galatasaray y de 5 contra el Hapoel en Israel). Así, se clasificaban como primeros de su grupo. Se verían las caras en cuartos ante el Aris.
Los griegos se planteaban como un rival duro, con un auténtico infierno en su cancha, aunque acabaron siendo el único equipo que ganó los dos encuentros de los cuartos de final. La cancha de Salónica no fue suficiente para tumbar a los valencianos (64-71), que redondearon el trabajo en casa (85-67). De este modo, se plantaban en Vitoria con el mejor récord de toda la competición: 12-2. ¿Favoritos?
Tal vez sí, pero lo importante es que lo lograron. El Panellinios en la semifinal pareció escaso rival durante la primera mitad, aunque acabó poniéndoselo muy difícil a los de Spahija, que vencieron por 92-80 con una gran primera mitad de De Colo y una segunda de Nielsen. Esperaba el Alba de Berlín en la final, que había podido con el Bizkaia Bilbao Basket en el otro partido de semis.
Nada tuvo que ver con lo visto. El Power Electronics se dio un festín para levantar el título, con 44-67 y una fiesta ante miles de sus seguidores, desplazados a Vitoria para la ocasión. De la fase previa al título logrado con espectáculo y fiesta. Un mundo. Un billete para Euroliga que no se quedó en Mons.
Y terminó en Vitoria como ¡Campeones de